EL DESPERTAR MASCULINO.

Hasta ahora la mayoría de los hombres ha pasado de largo de la idea de utilizar ropa interior sexy…Es más, ellos siempre han privilegiado la comodidad y la practicidad antes que la moda o el diseño de los calzoncillos. No obstante, en los 80 ya comenzaron a producirse ciertas referencias eróticas en el ámbito de la ropa interior masculina con anuncios como el de Levi’s y aquél Nick Kamen que se desprendía de sus vaqueros para lavarlos y quedaba medio desnudo con su bóxer blanco y su cuerpo escultural. Un paso adelante al que se sumaron otras campañas como la de Brad Pitt en los 90. Pero realmente hasta hace bien poco no se han contemplado piezas elaboradas y confeccionadas con detalle…

Quizá el esfuerzo de destacadas firmas del sector y la influencia de famosos y modelos haya contribuido a despertar, con el paso del tiempo, ese gusto por el estilo y la seducción entre los hombres. Acciones que, poco a poco, han ido calando y haciendo mella en una mentalidad inicial y tradicionalmente cerrada a la idea de explotar el carácter seductor de su ropa interior. Así el actor Mark Wahlberg  impuso en su día la moda de mostrar la cinturilla de goma por debajo de los vaqueros. Y revistas, como GQ y su portada de un joven y atractivo Harrison Ford en calzones, abrieron las puertas a la exaltación pública  del encanto de las prendas íntimas masculinas.

En el actual siglo XXI las cosas son algo distintas. O mejor, son más extendidas y evidentes. Un consumidor que exige cada vez modelos más cómodos, de materiales de calidad, diseño moderno y líneas sensuales  porque presta más atención a lo que lleva bajo la ropa. Marcas que, por su parte, amplían la oferta e incluso la red comercial con  tiendas específicamente destinadas a este público. Una industria de la publicidad copada de anuncios con protagonistas de escándalo en ropa interior y celebridades que provocan y crean tendencias mostrando sus prendas íntimas bajo los vaqueros.

En realidad, nunca antes los hombres se habían cuidado tanto. Hace tan solo 100 años el panorama estaba repleto de franelas, piezas largas, escasa creatividad y muy pero que muy poca capacidad de seducción. Hoy en día, sin embargo, si se le pidiera a cualquiera que se bajase los pantalones y mostrase su ropa interior, no se vería nada que tuviera que ver con aquellos apagados tiempos. Más bien habría estampados frescos y juveniles, elegantes o sobrios, boxers o slips… modelos de todos los estilos pero siempre  cuidados, actuales y con encanto.  E incluso de lo más provocadores…Porque ya los hay que se atreven con encajes, transparencias y ligueros

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Imagen: Pixabay

 

LENCERÍA MASCULINA.

Tal y como suena, lencería para hombres , un concepto que sobrepasa las fronteras de un término algo más acostumbrado que es el de ropa interior. Con esta nueva perspectiva se trata de abordar un campo mucho más amplio que implica sensualidad, color y provocación hasta ahora relegados al mundo íntimo de la mujer. Masculencería o man-gerie podrían servir para denominar esta nueva corriente que nada tiene que ver con tendencias gays sino con hombres cada vez más interesados en explorar tejidos, tonalidades, estampados e incluso prendas distintas rompiendo todo tipo de moldes y de normas establecidas.Así cada vez más marcas se apuntan al carro de los nuevos gustos varoniles y añaden panties, corpiños, encajes, ligueros o pantimedias a su listado de prendas.

En cierto modo, la polémica está servida. Hay quienes lo consideran una aberración o incluso algo surrealista o absurdo pero, si echamos la vista atrás, recordaremos que en su día también lo era que una mujer usara pantalones o  llevara el cabello corto. Todo lo que suponga infringir el status quo mental y social parece estar abocado a la controversia.  Sin embargo, la capacidad humana para adecuarse a los nuevos tiempos también es sorprendente. Y de hecho, en la actualidad, estamos más que acostumbrados a oír hablar de todo tipo de juguetes eróticos que caen en manos de las mujeres y que harían temblar a cualquier ciudadano de bien del siglo pasado.

Al final mucho se reduce a tradiciones y a prácticas culturales que pueden ser susceptibles de modificación, aunque lleve tiempo. Hubo una época, no muy lejana, en la que era costumbre que las mujeres perdieran el aliento en el estrecho espacio de una medio armadura que reducía sus  cinturas para cumplir con un  prototipo de belleza muy concreto. Incluso su uso fue obligatorio por ley en ciertos países y en ciertos reinados. Pero, por fortuna, la paulatina transformación de la mentalidad de la sociedad, las liberó del conocido corsé y comenzaron a ser dueñas de sus propias elecciones.

¿Por qué nos resulta entonces increíble que los hombres adopten hoy el uso de lencería?  No queda lugar a dudas de que modificar hábitos e ideas es complicado y de que entraña todo un proceso, a veces lento y controvertido, de aceptación de arquetipos firmemente instaurados en el tejido social. Sin embargo, la evolución es posible y deshacerse de tabúes, censuras y rigideces también. Esas mismas transgresiones son las que hacen que algo se vuelva emocionante, arriesgado, provocador. Son las que mueven el mecanismo hacia delante y abren las puertas a todo tipo de opiniones variadas, encontradas aunque siempre respetables.

Quizá haya llegado el momento de abrir el debate, de poner en tela de juicio consideraciones estancadas en el tiempo y de iniciar senderos nuevos y desconocidos. Tal vez sea esta novedosa tendencia masculina  la oportunidad de superar los propios  límites y de descubrirse  en escenarios diferentes. De poner a prueba opiniones, formas de pensamiento y reflexiones morales en pro de una mayor libertad de expresión. Y de consumo.

Veremos hasta dónde llega la mangerie y cómo va calando entre los varones. Y, por supuesto, entre las mujeres. Y es que estamos en un siglo que nos enfrenta a la diversidad sexual, a nuevas tendencias y a géneros que ya no se definen como solía hacerse.  ¿Llevarías tú mangerie o se la comprarías a tu pareja?

Imagen: Buholá