LO PASAMOS MAL.

Si hay algo que suele enamorar a las mujeres, en general, es ir de shopping. Es decir, visitar distintas boutiques, echar un vistazo a las nuevas colecciones, probarse prendas nuevas y renovar el armario. Aunque sea un poquito. Pero cuando se trata de modernizar el cajón íntimo la cosa cambia. Y lo que debería ser un placer se convierte en una auténtica pesadilla. ¿Por qué?

Este malestar parece ser bastante común y tiene su explicación. La ilustradora rumana C. Cassandra afronta el tema con ingenio y derrocha sentido del humor en un cómic concebido, específicamente, para reflejar el trauma por el que deben pasar muchas féminas…En sus páginas pone de manifiesto situaciones reales que surgen en torno a la compra de lencería y, en concreto, de sujetadores.

Una de los primeros reveses tiene que ver con el precio. Y es que muchas veces asusta descubrir que unos gramos de tejido, confeccionado con glamour, eso sí, cuesta tanto en proporción. Sin embargo, hay que tener presente que el trabajo que exigen ciertas prendas así como los accesorios y tipo de material empleados, suponen un necesario incremento del coste total.

Otra de las dificultades de comprar lencería es que los probadores de las tiendas  suelen contar con espejos que reflejan muy bien cada pequeño ángulo del cuerpo pero que, en muchos casos, acentúan ciertas imperfecciones que, en casa, pasan más desapercibidas. Este reencuentro con el propio físico suele causar cierta incomodidad, aunque no debería ser así. Cada figura es perfecta como es, sin medidas estándar ni patrones mitificados que seguir…

Tampoco es fácil encontrar la talla adecuada. Cada mujer tiene unas dimensiones particulares de anchura y de volumen que no siempre cuadran con el tallaje propuesto por las firmas de lencería. Y eso implica que hay que probar y probar diferentes modelos hasta dar con el que coincide con los propios gustos pero también con las necesidades de confort y sujeción.

Resulta además algo complicado localizar prendas 100% de algodón en un mercado saturado de nuevos tejidos como la lycra, el poliéster, el nylon…etc. Aquellas que sean fans incondicionales del primero, deberán prestar atención a la composición de las prendas antes de pasar por caja.

El momento desconcertante final llega, precisamente, en el punto de pago. La cesta se ha ido llenando paulatina pero constantemente de tangas, camisetas, sujetadores preciosos de distintos colores…hasta que, en un instante de repentina consciencia y justo antes de entregar la visa a la dependienta, reparamos en el hecho de que, tal vez, no necesitemos todo ese cargamento de lencería. Y, con un nudo en la garganta, pedimos amablemente a la vendedora que retire la mayor parte de las prendas y deje solo una, que era la que realmente nos hacía falta.

Un cúmulo de situaciones algo incómodas que hacen que la renovación del armario íntimo no venga cargada de serpentinas y fuegos artificiales. Es más, a veces, puede llegar a ser una experiencia algo tormentosa. No obstante, si dejamos de lado las pequeñas complicaciones, descubriremos que adquirir nuevas prendas para vestir nuestro interior y colmarlo de delicadeza y glamour tiene su encanto. Al fin y al cabo, se trata de una parte de nosotras que, aunque permanece oculta a la vista,  cobra vida al engalanarse con prendas llenas de sensualidad y colma de energía positiva a quien las lleva.

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Imagen: Pixabay